Iban 60 minutos de juego, en Toronto, Canadá. Croacia la ganaba 1 a 0 Portugal, muy buen partido con Luka Modric y Cristiano Ronaldo (41) en la cancha.

Desde la derecha, cerca de la mitad del terreno, le cruzan una pelota a Ronaldo, en posición de 9. El ídolo portugués la controla con gran calidad y define elegantemente por encima del arquero croata.

Es un golazo, pero de inmediato se impone el nerviosismo cuando comprendemos que el VAR está revisando algo. El árbitro espera, se toca el auricular, y explica que cuando partió el pelotazo cruzado hacia Ronaldo, el capitán de Portugal estaba en posición fuera de juego; por lo tanto, el gol resulta invalidado.

En la pantalla del televisor la imagen -en la portada de este artículo- muestra dos figuras humanas que representan el cuerpo de Ronaldo, con el número 7 en la espalda, y el de su marcador, Josip Šutalo, de azul.

La parte del cuerpo de Ronaldo que aparece adelantada no constituye ventaja deportiva alguna: un poco del hombro y brazo izquierdo, poco más de la mitad de su cabeza, y menos de la mitad de su brazo derecho. Ronaldo está en posición inclinada hacia adelante, comenzando la carrera para recibir el balón, pero claramente sus pies están detrás de la línea que señalan los pies de su marcador.

Soy argentino, he jugado toda mi vida al fútbol, y mi padre también lo hizo. Cada vez que tengo una pelota en los pies siento algo inexplicable. El fútbol es para mí una pasión, y define bastante de mi identidad.

A mis ojos, no hay argumento deportivo que justifique esta decisión impuesta por Espen Eskås, árbitro principal del encuentro, noruego. -Polémicas como esta se han repetido en al menos 6 ocasiones desde que comenzó la Copa del Mundo.

Pero dado que el elemento saliente de este hecho es una tecnología sofisticada, que parece acabar con toda clase de análisis, haré el intento de explicar lo que está ocurriendo, sin dejar de lado que el fútbol es, al mismo tiempo y como mínimo: un juego; el deporte más popular y masivo del mundo; un negocio global; un asunto político.

Cómo se mide actualmente el offside

En noviembre del 2024 la FIFA y Sony anunciaron que creaban un joint venture llamado Football Technology Centre AG, con sede en Suiza. Sony participa de esta empresa a través de Hawk-Eye Innovations, su división de tecnología para deporte de alta competencia.

El secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, afirmó entonces que "esta empresa conjunta es solo otro ejemplo de hasta qué punto la FIFA está aprovechando el uso de la tecnología para optimizar las operaciones futbolísticas y desempeñar un papel líder en los desarrollos tecnológicos en beneficio de nuestras 211 asociaciones miembros", pero omitió que resulta llamativo cuando una entidad del poder de la FIFA, que organiza y regula un evento de la talla de la Copa del Mundo, fabrica un producto que luego va a comprar.

La tecnología en la que trabajaron es la Semi-Automated Offside Technology (SAOT) que ya había sido utilizada en Qatar 2022. Le añadieron algunos detalles de precisión e infraestructura.

Resumiendo, la tecnología de tracking deportivo Hawk-Eye se presenta como una herramienta de apoyo para árbitros de video (VAR) y jueces de campo, destinada a tomar decisiones de offside “más rápidas, reproducibles y precisas”. En su versión base, usa cámaras de seguimiento instaladas en el estadio para registrar el balón y hasta 29 puntos de datos por jugador, 50 veces por segundo. Además, combina esos datos con sensores del balón para detectar con precisión el momento del toque.

Para la Copa del Mundo que actualmente se disputa en América del Norte, el sistema se apoya en varias capas: el balón oficial Adidas TRIONDA, con tecnología conectada; el chip de movimiento; datos de posición de jugadores; Inteligencia Artificial; y avatares 3D más realistas creados con escaneos corporales. Adidas sostiene que TRIONDA usa una evolución de su Connected Ball Technology, con chip lateral, y que los datos del balón se envían en tiempo real al sistema VAR para ayudar en decisiones de offside.

Por su parte, Lenovo, socio tecnológico de FIFA para el Mundial 2026, aporta los escaneos y avatares 3D. FIFA informó que los jugadores fueron digitalizados para crear modelos corporales precisos, usados en la animación del offside y en el seguimiento de movimientos rápidos u obstruidos.

Gobernanza algorítmica

Desde que este tipo de SAOT se implementó, en el mundial de clubes de 2025, comenzó a recibir críticas. No sólo por la sensación de que se desnaturaliza el fútbol, sino porque, yendo un poco más allá, se trata de un problema de gobernanza algorítmica.

La Premier League, por ejemplo, no usa esta tecnología, sino otra, llamada GeniusIQ, desarrollada por Genius Sports.

El uso de SAOT fue votado por unanimidad en comisión conjunta de los clubes ingleses en agosto del 2024. Los árbitros también participaron de la implementación.

El producto, certificado por FIFA, es propiedad de Second Spectrum Optical Tracking System (Dragon), proveedor Genius Sports Limited.

Usa alrededor de 30 iPhones en todo el estadio, machine intelligence y tracking de miles de puntos por jugador para reconstruir el cuerpo en 3D.

Pero, además, incorpora algo llamado “zona de tolerancia”, o sea, el rasgo humano - deportivo instalado en la arquitectura del software.

El objetivo principal de la " zona de tolerancia" en la tecnología es compensar las inexactitudes e inconsistencias, y se materializa incluyendo 5 centímetros de grosor en la pared virtual que el sistema crea al analizar las posiciones de los jugadores. Traducido, se considera fuera de juego la posición de un jugador que está al menos 5 centímetros más adelante que su marcador.

Revisión automatizada de offside en Colombia contra Portugal.

Sin embargo, a instancias de su propio sistema SAOT, la FIFA prefiere que el VAR señale al juez principal que un gol merece ser revisado incluso cuando la diferencia de posiciones es de milímetros y/o involucra partes del cuerpo que: a) ningún deportista puede controlar completamente; b) no son relevantes para el fútbol y, por ende, su posición adelantada no constituye ventaja.

No hay adición de criterio deportivo en el sistema, sino que deja en los humanos la decisión de llamar o no al juez, y éste tiene oportunidad de revisar y cobrar según su criterio. ¿El problema? La presión del público, y de sus propios colegas que le indican que una jugada debe ser revisada y el sesgo de verdad de lo que el sistema recrea.

Los 5 centímetros que se aplican en el torneo inglés no parecen suficientes, pero al estar incluidos en el sistema, al menos los humanos no analizan un diagnóstico (tan) sesgado.

Sin embargo, claramente 5 centímetros de tolerancia no es criterio suficientemente razonable. En la jugada del gol anulado en el partido de Colombia contra Portugal, Davinson Sánchez creyó haber asegurado la victoria de la cafetera en el tiempo de descuento cuando, en el segundo palo, cabeceó un centro de Juan Quintero. La anulación se da por un offside que distingue una parte tan pequeña del pie de Sánchez que parece cubrir nada más que su dedo pulgar.

Así como se considera gol cuando la pelota ingresa completamente a la zona definida por la línea de meta en el arco, suena lógico entender que es offside una posición cuando el delantero tiene un pie completo por delante de la línea del anteúltimo defensor rival, al momento en que la pelota es impulsada por un compañero.

Los pies son fundamentales en el fútbol, y podemos controlarlos con suficiente precisión.

Lo que nos toca ahora es comprender cómo se crean sistemas de gobernanza que garanticen que controlamos los algoritmos.

Pero, asimismo, debemos considerar que detrás de este desafío técnico hay otro, político, cultural y económico, que consiste en tener en cuenta a los miles de millones que alrededor del mundo encuentran en el fútbol una pasión que merece ser respetada en tanto expresión popular genuina. Pero que se monta sobre un negocio de entretenimiento en el que intervienen capitales que no necesariamente comparten valores con quienes llenan las tribunas.

La tradición del fútbol está indisolublemente atada a las identidades de los pueblos. Con sutiles diferencias, todos los amantes del fútbol saben que, antes que otra cosa, con la pelota alcanza para disfrutar este deporte. Cuando se vuelve una competencia y un negocio, intentamos que no pierda su esencia, aunque suene ingenuo.

La tecnología atraviesa toda nuestra vida, y el fútbol no va a ser la excepción.

Siempre de la mano de argumentos optimistas y bienintencionados, vamos incorporando tecnología a todo. Queremos cometer menos errores, y cuando se trata de deporte, ser más justos en la competencia que entendemos como sana.

Pero luego hay intereses demasiado más grandes que nosotros. Si el SAOT que FIFA desarrolló y compró recibe críticas porque, al fin de cuentas, impone una tecnocracia deportiva que fue señalada antes de que esta Copa del Mundo comenzara ¿por qué lo siguen usando?

La alternativa al Semi-Automated offside Technology

Este año Canadá comenzó a ensayar una solución distinta, llamada Daylight Offside o “regla Wenger”, impulsada por Arsène Wenger desde su rol en FIFA. No cambia la tecnología, sino la interpretación de fondo, recuperando el sentido del offside tal como fue creada la regla.

Entender el fuera de juego a la luz del día significa que deja de importar si una punta del botín, una rodilla, un hombro o media cabeza están apenas adelantados. Para anular un gol debe verse “luz” entre el defensor y el atacante.

La regla actual, en cambio, sostiene que un jugador puede estar adelantado si cualquier parte de su cuerpo, válida para jugar la pelota —cabeza, cuerpo o pies— está más cerca del arco rival que el penúltimo defensor.

Esta regla es de 2005. Intentaba refinar la idea del jugador adelantado en una época previa a la IA.

Al aplicar algoritmos debería haberse revisado la norma, porque, aunque aclara que los brazos no se cuentan, hace posible que un pedazo de hombro o cabeza se consideren válidos para anular una jugada.

De hecho, nadie se atreve a cuestionar lo que se ve, es decir, la veracidad de la tecnología. Pero es bueno recordar que los algoritmos se equivocan. Ninguno de ellos ofrece 100% de eficacia. Entonces, debería ser el humano quien contextualice la imagen que el sistema de video referencia ofrece.

Matizar lo que nos dice ese pequeño cerebro que recrea una jugada, sería un buen primer paso, porque ayuda a evitar el sesgo de verdad.

El segundo, poner el análisis dentro de un contexto deportivo, popular y masivo, sin desconocer la naturaleza de la regla: el offside busca que los delanteros no saquen ventaja de su posición cercana con el arco rival, y eso debe perseguir cada decisión de anular un gol.

La honorabilidad del juego es lo que intentaron cuidar tratando de que nadie se aprovechara de su posición, y ese es el espíritu que hay que mantener. Perjudicar a un equipo y cortar el juego por intervenciones tecnológicas que al humano le son imperceptibles, no tiene sentido.

En tercer lugar, las políticas y los negocios son algo bastante más difícil de atravesar. En este caso, la disputa por la tecnología que se aplica al fútbol deja en evidencia al menos un doble rol que habitualmente es visto con desconfianza, porque no suena muy transparente que FIFA apruebe e implemente una tecnología que su misma empresa desarrolla.

¿A qué otras ligas o torneos se le venderá este sistema? Si torneos regionales consideran aplicar otras tecnologías o reglas, como GeniusIQ o la Daylight offside Rule ¿FIFA se los aprobará? ¿Quién gana y quién pierde cada vez que se deciden cosas como esta en el fútbol?